Se despertó. Levantó la cabeza y se rascó los ojos con fruición. Mordió un pedazo de pan que encontró entre las sábanas y lo acompaño con el último rescoldo del vino que se hallaba en la mesa luz. “Hoy puede ser un buen día” pensó, mientras se volvía a hundir entre las cobijas granizadas con migas de pan.
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